Museo Valle-Inclán

El Museo

Museo Valle-Inclán

HISTORIA

El origen de tan exquisita arquitectura pregona la prosperidad del Caramiñal en el siglo XVI, lugar entonces elevado a la categoría de villa. Entre las individualidades más ambiciosas de aquel tejido humano del Quinientos sobresalen los nombres de Juan Domínguez Giance y Constanza Domínguez de Búa, matrimonio de amplios caudales. Son los promotores de este edificio. Con el paso de los tiempos, esta torre y casa principal fue solar de la estirpe paterna del escritor Valle-Inclán. Primero, tomada en foro en los años finales del siglo XVIII. Luego, adquirida como consecuencia de las leyes de desamortización a mediados del siglo XIX. Don Ramón del Valle-Inclán profesaría un gran cariño a esta herencia familiar. A la torre alude con emoción, en prensa o en tertulias, y esta figura en relatos de inspiración galiciana como un escenario significativo de clase y señorío. Aquí declara haber residido al regresar de su primer viaje a las Américas —1893—. «Mi casa de las Torres de Bermúdez. La casa más bonita de Galicia, muy siglo XVI, muy genuina arquitectónicamente, con unas gárgolas hermosas. Toda de estilo renacimiento». RAMÓN DEL VALLE-INCLÁN, 1922. Por Real Decreto 249/1976, de 9 de enero, este hermosísimo joyel sería declarado «monumento histórico-artístico de carácter nacional». Después de su restauración, sirve de sede permanente de una importante colección patrimonial, especializada en el orden literario, el Museo Valle-Inclán, inaugurado el día 16 de mayo de 1987.

Museo Valle-Inclán

ARTE

Estamos ante una residencia civil de elegante ornamento clásico, que debemos situar entre las más excepcionales que se hayan documentado en la historia del arte del noroeste peninsular. Construida entre 1540-1545, su traza debe ponerse en relación con el círculo de colaboradores del gran arquitecto del Renacimiento español Rodrigo Gil de Hontañón. Se compone de torre galana y cuerpo palaciano dispuesto perpendicularmente, además de los restos de un suntuoso corredor exterior. De sus portadas merece ser puesta de relieve la principal, que es un arco de medio punto enmarcado por pilastras, con entablamento y frontón triangular. Sobre la repisa de la escalinata se abre una segunda puerta, con arco de medio punto moldurado y clave. Observamos el mismo clasicismo en la elegante ornamentación que le da valor añadido —como monumento único—, versada en los tratados de arquitectura y en grabados de moda. El estilo plateresco se concentra en la decoración de determinados elementos estructurales y decorativos, como son portales, ventanas, soportes, frisos, cornisas, gárgolas... conviviendo las pervivencias tardogóticas y las vanguardias «a lo romano». En la misma línea, el sistema de proporciones y juegos de geometrías de todo lo edificado es muy claro.